¡Azúca’( rrrrr)
Agregarle azúcar a los jugos, a los postres y, en ocasiones, incluso a comidas ya preparadas, es parte de las costumbres culinarias de los cubanos, especialmente en generaciones pasadas. Esto tiene raíces históricas y culturales ligadas a la importancia del azúcar en la economía y la dieta cubana, ya que el país fue uno de los mayores productores de azúcar de caña en el mundo.
Al crecer en Cuba, el azúcar era una presencia constante en mi vida.
Este hábito estaba tan arraigado que apenas lo cuestionábamos.
Sin embargo, mi perspectiva cambió drásticamente cuando me mudé a Suecia. Recuerdo que, al poco tiempo de llegar, un amigo me advirtió: “No sigas echándole azúcar a todo, porque te vas a poner como un sapo”.
Lamentablemente, ese consejo llegó cuando ya había notado un aumento significativo de peso, llegando a pesar 97 kilogramos, una cifra inaudita para mí, que siempre había rondado los 80 y tantos kilos, acorde a mi estatura de 1.85 metros.
Decidí que era momento de hacer un cambio. Eliminé el consumo excesivo de azúcares y adopté una rutina de ejercicios. Además, mi tiempo en la escuela de baile en contribuyó a mejorar mi condición física. Poco a poco, volví a mi peso habitual, sintiéndome más saludable y enérgico.
Esta experiencia me enseñó la importancia de adaptar nuestros hábitos alimenticios al entorno en el que vivimos. Lo que en Cuba era normal, en Suecia resultaba excesivo. Aprendí que, aunque las costumbres culinarias forman parte de nuestra identidad, es esencial ser conscientes de cómo afectan nuestra salud y bienestar.




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