A la tercera….
Siempre lo tuve muy claro, pese al adoctrinamiento, lavado de cerebro y verdades a medias o embustes inteligentemente presentados.
Trabajábamos sin recibir un salario.
Estábamos allí contra nuestra voluntad.
Nuestra edad estaba por debajo de los límites de la edad laboral.
Condiciones de trabajo lejos de ser las elementales.
La lista de ilegalidades era larga y aunque mi conciencia o conocimientos jurídicos eran escasos, sabía que lo de La Escuela al Campo no estaba bien y por eso me rebelé o me defendí.
Primera:
Agobiado y abrumado por el volumen de trabajo durante la siembra de posturas de tomates. Tomé un mazo de las pequeñas plantas lo tiré en un hueco y con una bola enorme de fango las enterré lanzando la bola con todas mis fuerzas…. Pero el guajiro-guardián me vio, era uno de los jefes de campo y me llevó ante la dirección del campamento para ser castigado por tal incidente y él no me quería más en su campo ( ¿ era su campo ?¿ era mi capataz o mayoral ?) Se empezaron a activar mis alarmas.
Sanción: fuerte reprimenda y cambio a otra brigada.
Segunda:
En aquella etapa de la escuela al campo compartíamos el campamento con los alumnos de la secundaria Fabric Aguiar Noriega, de Lawton. Mi nueva brigada de trabajo era con adolescentes de aquella escuela. No conocía a nadie.
Un día , malo para el hermano menor de uno de los mandamás de la otra escuela que trató de humillarme con un apodo que era a la vez peyorativo y racista. Lo pagó caro porque le di una buena tunda de golpes.
La noticia de la trifulca llegó a oídos de la dirección del campamento y me volvieron a sancionar cambiándome de brigada, pero esta vez de vuelta a las pertenecientes a nuestra escuela y con la advertencia de que al tercer incidente me expulsarían del campamento hacia La Habana: todo un deshonor.
Tercera:
Un chico, llamado Alain, que usaba un corte de cabello característico y que tenía ínfulas de tratante de esclavos me gritó cuando estábamos en el medio del campo.
¡Oye tú, negro , trabaja !
El bofetón que le di fue tan violento que salió despedido hacia atrás varios metros. En un intento por recuperar el honor se lanzó hacia mi para tratar de agarrarme por las piernas y derribarme. Le acomodé un codazo tal en el medio de la espalda que cayó tendido frente a mí y la prudencia le aconsejó quedarse descansando allí.
Le di mi espalda y me fui caminando ….
A la tercera ….. nadie supo nada.





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