El lector de escuela
Escribir y leer son pasos muy importantes en la emancipación intelectual; la ruptura total y definitiva con el analfabetismo. De ahí en adelante solo queda practicarlas para crecer espiritualmente y adquirir nuevos conocimientos.
Siempre me gustó hacer las cosas buen, le ponía empeño y dedicación y el resultado llegaba para satisfacción mía y de quienes me enseñaran : mis padres, mis maestros, la gente. De todos se aprende algo.
Cursaba estudios primarios y ya sabía leer. Mi confianza desbordaba mi persona y mi maestra tomó una decisión importante.
Recitar un poema de José Martí, en el matutino escolar… ante toda la escuela. Niños desde preescolar hasta sexto grado y todos los maestros y auxiliares pedagógicos.
Mi primer gran audiencia.
Llegó esa mañana. Yo había practicado el texto y me lo sabía de memoria . Lo leía fluídamente, con buena dicción y voz infantil firme y segura.
Pero una cosa era leerlo en casa solo o con mi madre de oyente y otro delante de tantas personas.
La escuela Pedro María Rodríguez tenía un inmenso patio interior donde formaban los niños de todos los grados escolares. Se accedia a ese patio por sendas escaleras laterales que descendían desde un pequeño balcón situado en el primer piso del inmueble . A este balcón se accedía desde la puerta principal, pasando por un vestíbulo amplio que a la izquierda tenía la dirección del centro y a la derecha la biblioteca, seguido del vestíbulo y hacia ambos lados del mismo estaban los pasillos laterales y las aulas de segundo grado.
Pues bien… todo ese panorama me era familiar. . Me acerqué al pequeño balcón. Los estudiantes estaban todos en formación esperando a que yo leyera, pues ya había sido presentada mi parte en el matutino.
Nunca había hablado por un micrófono, ni siquiera había visto alguno de cerca, pero no me preocupé por eso. Abrí el libro en la página correcta…
Y comencé a leer…..
Así de sencillo

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