¡ Qué no se entere nadie !

 Dulce la del fondo. Así todos la reconocían y diferenciaban de la otra , era una señora muy especial.



Ambas señoras, eran mis vecinas, pero « la del fondo » del pasillo común del edificio de vecindad al que algunos llamaban solar ( tengo mis dudas si la segunda denominación era correcta ), tenía algo que hasta ese entonces ningún otro vecino de los restantes treinta y seis cuartos tenía.


Un televisor.


Privilegio derivado de no sé qué…. lo que unido a su carácter especial la hacían una mujer distante y distinta. Tenía sus niños de preferencia a falta de tener los suyos propios. 

A los elegidos y a hurtadillas, para que nadie se enterase, los invitaba a su casa a ver la televisión.



Un día la sorprendí en el acto. Se ruborizó y avergonzó de lo que hacía.

A mí no me dio ni frío ni calor.

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