Los vi bailar



 Mi padrino, Yayo, estaba de visita en la casa de mi madre. Algo habitual, pues era amigo de la familia, además del compromiso religioso que la responsabilidad padrino-ahijado lleva consigo.

𝐀 𝐑𝐚𝐮́𝐥 𝐑𝐨𝐣𝐚𝐬 “𝐘𝐚𝐲𝐨 “, 𝐦𝐢 𝐩𝐚𝐝𝐫𝐢𝐧𝐨.

Sonó un danzón en la radio y Yeya y Yayo, se pararon a bailar.

Él calzaba unos zapatos negros lustrosos, pantalón corte Chavallier, con el dobladillo marcado por la plancha y una camisa de mangas cortas.

Y se hizo la magia . Yo boquiabierto los miraba atentamente como bailaban y contrario a la reacción que un pequeño niño celoso tendría : interponerse entre los bailadores, me deleité con el momento que marcó mi entrada al mundo de los pasillos, pasos, ejecuciones al compás de la música.

Quería bailar como mi padrino y vestirme como él para bailar danzón, el baile nacional de Cuba.

A los cinco años los vi bailar y cincuenta años después, sigo evocando aquel momento como definitorio en mi vida como bailador/bailarín y amante de la música y los bailes cubanos.

¡ Gracias padrino !

¡ Gracias mami !

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