El buchito

 El solo verlas llegar, activaba mis glándulas salivales.

Entonces llegaba la orden de la maestra..

« Saliendo y tomando distancia » lo que se explicaba y ejecutaba con la formación de una fila y para evitar aglomeraciones cada niño levantaba su brazo derecho de manera que tocara el hombro del niño que estuviese delante. El brazo iba extendido.

« Tomando distancia …. Uno …. Dos » repetía la maestra hasta que la distancia entre los niños era  proporcional a la de su brazo extendido . El número uno era para levantar el brazo y el dos para bajarlo.


Cuando la fila estaba correctamente alineada, pasaba la primera de ellas y nos entregaba un vasito chiquitito de papel semiduro, de color blanco.

Acto seguido pasaba la segunda de ellas, con un pomo blanco e iba llenando nuestros vasitos con un líquido transparente…. 


¿Maestra y esto que es ?

Eso es para los dientes….. era la repetida respuesta que siempre recibíamos. 

Se trataba de un enjuague bucal. 

Debíamos mantener el líquido en la boca y moverlo en distintas direcciones con la ayuda de los músculos internos de la cara y la boca.

El sabor distaba muchísimo de ser agradable 

Era amargo . Algunos , los sabihondos, decían que eran aspirinas trituradas y disueltas en agua…… 

No se podía tragar y había que retenerlo en la boca durante…¿ un minuto, una eternidad?

Después de aquella estoica prueba y obedeciendo el mandato-orden-indicación de la maestra o las enfermeras , pasábamos por el lavamanos y escupíamos lo que teníamos en la boca: el buchito .





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