Temprano
Llegábamos a la escuela bien temprano en la mañana. Mi madre se dirigía a la cocina del centro donde trabajaba como auxiliar y yo tenía casi dos horas libres para disfrutar de un enorme patio y dar rienda suelta a mi exceso de energía.
Las expectativas fueron cumplidas en cada una de las oportunidades: saltando, corriendo, jugando a la pelota, inventándome cuentos, historias y juegos… solo.
Se iba acercando la hora del matutino escolar, el resto del alumnado iba llegando. Todos pulcros, uniformes limpios y planchados, zapatos lustrosos….
Yo era la excepción. Mi maestra me tomó por el cuello de la camisa, me llevó ante mi madre y le preguntó
¿ Yeya, tú crees que en estas condiciones Saúl pueda empezar las clases ?
Era una « bola de churre » y sudor….
Lo solucionamos. Al día siguiente trajimos una ropa solo para jugar y mantener el uniforme intacto para asistir a clases.



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