Vida portuaria.

 Mi vida, desde mi nacimiento, ha estado muy ligada al mar: soy Piscis, mi ángel de la guarda es la orisha Yemayá y adoro y respeto a esa gran masa de agua que ocupa un setenta por ciento de un planeta erróneamente llamado Tierra.

En sus labores como albañil y trabajador por cuenta propia mi padre viajaba mucho a otras localidades en las afueras de la capital.

Un pueblo completamente distinto a lo que estaba acostumbrado y ubicado al sur de la provincia de La Habana fue el destino y lugar de trabajo de mi padre en esta oportunidad. 

El acompañarle  era como irme de vacaciones. 

El Surgidero de Batabanó, era otra cosa. Tenía al mar como característica distintiva y la vida portuaria como elemento exótico-novedoso-diferente y exclusivo.

Era  pueblo pesquero al sur de La Habana. En el muelle estaban los barcos camaroneros y langosteros. El sitio bullía de actividad de descarga de camarones, langostas y peces recién capturados.

Los pescadores, sudados , descargaban sus productos y alistaban los pequeños barcos para volver a hacerse a la mar. Una que otra vez pude subirme a algunos de los pesqueros atracados en el muelle y conocer en persona a algunos pescadores como « El guayabo ».

Las gaviotas y otras aves sobrevolaban la zona en busca de restos de pescado.

El espectáculo era impresionante. Yo lo disfrutaba a mares.







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