La lista de mi madre
Un dolor agudo, repentino, me llevó al salón de operaciones del hospital clínico quirúrgico Miguel Enríquez en la capitalina barriada de Luyanó.
La intervención quirúrgica y a tiempo, me salvó literalmente la vida. Mi apéndice, inflamado , estaba a punto de reventar y su contenido hubiese contaminado mi cuerpo y ….. no te hubieras enterado por mí o no nos hubiésemos conocido, algo lamentable.
Proceso post operatorio interesante , tanto médico como social.
Me quitaron antes de tiempo la sonda que con tanto amor una enfermera despampanante me había colocado el día de mi ingreso, para extraer los desechos líquidos de mi cuerpo…. la segunda introducción no fue dolorosa. pero la extracción final. luego de siete dias, me llevó a soportar niveles inimaginables de dolor y haciéndome el machote no grité pero de muy buena gana hubiera destronado a Tarzan en su gutural grito.
Los que me visitaron en esos días. casi todos mis amigos, fueron anotados por mi madre, en una lista.
« Yo voy a ver quién es el que no viene y después venga a hacerse tu amigo », me advertía.
Hubo uno que no fue a verme.
Pasó el tiempo, me reincorporé a la vida social, a mis ensayos en la Casa Estudiantil Universitaria y una de esas tardes en las que mi madre iba a bailar en la habitual peña del danzón de los lunes, el único que no estaba en la lista fue a saludar a mi madre.
Craso error.
Yeya, mi madre, le dejó saber bien claro todo lo que conllevaba el concepto de amigo, lo que significaba la hipocresía y no lo hizo de la forma más diplomática.
A los otros que si estuvieron en la lista de visitantes durante mi convalecencia, muchas gracias.
A ti que no fuiste, nunca te guardé rencor, tuviste tus razones….. pero las madres quieren a sus hijos de una manera diferente.



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