Juegos infantiles. No. 1

 Hecha la pregunta de rigor, los que aceptábamos a participar, teníamos el acuerdo tácito, inquebrantable de no disgustarnos o discutir y mucho menos dar las quejas por el dolor infringido.

Destreza para esquivar la fuente de calor, habilidad para tratar de convertirse en verdugo y dejar, al menos momentáneamente de ser víctima potencial, resistencia para correr; eran algunas de las virtudes que este juego precisaba.

Tenía muy pocas reglas. Se jugaba al aire libre. La pelota era pequeña: podía ser de goma o una de jugar al tenis.

El dueño de la pelota, la lanzaba con todas sus fuerzas hacia arriba y el que la capturaba , casi siempre de aire, era el verdugo de turno. Su misión era tratar de golpear con la pelota a cualquiera de los participantes, preferiblemente al que estuviera más cerca suyo, porque con la cercanía los reflejos disminuían para tratar de esquivar o coger la pelota.

Había que lanzar duro y si te golpeaban con la pelota, producía un escozor intenso en la zona afectada. 

Jugar « Al quema’o » era un desafío, un reto, muy divertido, te ayudaba a forjar el carácter, a socializar, a seguir adelante pese al cansancio y al dolor, pero por sobre todas las cosas, era un juego de niños.



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