Del Náutico al Coney
Una de mis combinaciones favoritas era playa y parque de diversiones.
Por la mañana nos íbamos al Naútico, que quedaba a escasos metros de la última parada de la ruta 100, cuya primera parada era en la acera de enfrente de donde vivíamos en La Víbora.
Mi madre tenía una amiga en el Reparto Náutico En su casa nos cambiábamos de ropa.
Ya en traje de baño, en trusa y descalzos cruzábamos la calle entre el reparto y el club. El sol ya había dejado su huella y el asfalto nos quemaba la planta de los pies al cruzar. Valía la pena el sacrificio porque la diversión en la playa era extremadamente placentera.
En la tarde nos íbamos caminando hasta Coney Island, versión cubana de un parque similar existente en Nueva York.
Y a montar los aparatos se ha dicho: los caballitos , el carrusel, la montaña rusa . Todo aquello para poner el toque de excelencia.
Agitadísimos pero felices regresábamos a casa. Yo dormía gran parte del trayecto.







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