Por eso. ..

 ¿Una buchito de café ?obvio, estábamos en el campo habanero, en casa de Oriol y Zunilda, en la finca de José María y Mamaíta, a la entrada del pueblito conocido como Guara, en Habana, Cuba, década de los años 70.

El café se servía después de cenar ( comer decimos los cubanos ) como parte del proceso de sobremesa-digestión que era un ritual guajiro inexcusable y diario. El humo que emanaba de los tabacos encendidos le daba un aire místico y especial a la escena.

La ropa limpia y bien planchada de los guajiros, las botas lustrosas y su aspecto a recién bañados contrastaba con la apariencia matutina y vespertina cuando estaban en plenas labores : agrícolas unos y de ganadería otros.

Mamaíta, Silvia , Zunilda y Zoe recogían los platos vacíos y las fuentes con resto de comida y se disponían en la cocina a preparar y servir el café a los hombres ( yo me estaba haciendo hombrecito).

Era una escena típica (¿ machista, patriarcal ?)….. pero tenía sin dudas mucho de historia detrás.

Los cinco hombres y el casi hombrecito, yo, sentados en el portal . Los adultos inhalando el humo de sus tabacos, herencia aborigen y bebiendo el aromático néctar originario de Etiopía .

El café, fuerte, oscuro y amargo, por eso no me gustaba su sabor , porque a pesar de estar haciéndome un hombrecito, era todavía un niño.



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