Primera rueda
Estaba cursando la secundaria. Un muchachón, pero por mi estatura de un metro y sesenta y nueve centímetros, parecía mayor. Ella, mi pareja….. de baile, delgadita, mulatica, de cinturita de avispa y carita bonita a sabiendas de mis dotes como bailador de casino, me propuso ir bailar.
El lugar era uno de los salones del Gran Teatro de La Habana y todo lo relacionado con ese lugar iba precedido de « nunca antes….. »
¿ Visitas previas ?
Un salón inmenso, hermoso, música sonando en las bocinas y jóvenes mayores que nosotros bailaban casino de forma coordinada….
¿ Lo habías visto antes ?
Me quedé maravillado ante tanta sincronización y destreza de los participantes.
¿ Nos metemos ?
La flaquita quería bailar…No hubo miedo , pero sí prudencia . Le propuse observar cómo bailaban para descifrar códigos, aprenderme los nombres y ejecutar las combinaciones porque ….
𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐚𝐥𝐠𝐮𝐢𝐞𝐧 𝐧𝐮𝐞𝐯𝐨 𝐬𝐞 𝐦𝐞𝐭𝐢́𝐚 𝐬𝐞 𝐥𝐞 𝐩𝐫𝐨𝐛𝐚𝐛𝐚 𝐩𝐚’ 𝐯𝐞𝐫 𝐬𝐢 𝐬𝐚𝐛𝐢́𝐚 𝐲 𝐬𝐢 𝐬𝐞 𝐞𝐪𝐮𝐢𝐯𝐨𝐜𝐚𝐛𝐚 .....
Directo pa’la candela…. Nos metimos y empezó todo. Capacidad de captación e imitación al cien por ciento, fueron una buena opción para sortear las primeras combinaciones … quien cantaba, subió el nivel de complejidad.
¿ Te sabías esa vuelta?
Otro nunca antes en mi cuenta…
Me equivoqué y llegó la frase sentencia
«𝐎𝐲𝐞 𝐜𝐡𝐚𝐦𝐚,𝐩𝐚’ 𝐟𝐮𝐞𝐫𝐚»
La flaquita se puso medio triste-brava-decepcionada porque si se equivocaba el chico, salía con la pareja con la que entró a bailar. Yo me sentí valiente, satisfecho…
Hice algo que nunca antes había hecho: bailar con algunos de los mejores bailadores de casino del lugar, en un sitio extremadamente hermoso. Nos quedamos mirándolos bailar el resto de la tarde, aprendiendo y disfrutando.
Nada de sentir complejos porque nos sacaron…. Esas eran las reglas del juego-divertimento popular bailable porque en una Rueda de Casino, el que se equivoque sale y esa fue mi primera.




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