Desde las alturas
Mi padre era oriundo de Calabazar, localidad que se debatía entre la ciudad y el campo.
Él no era cien por ciento guajiro, pero la vida y costumbres campesinas tampoco le eran ajenas porque la gran mayoría de sus trabajos como Albañil por cuenta propia ….
«Yo nunca le he trabajado al gobierno » solía decir, con orgullo. Y aunque no entendía todo el alcance de aquella posición laboral, tuvo sus razones para que así proceder… tenía razón.
Los guajiros y la gente de campo cubren a pie largas distancias, por diferentes razones. Mi padre, hombre de campo no era la excepción y yo que « me estaba haciendo un hombrecito » me di mis buenas caminatas con él.
«Dale que nos vamos pa’l monte »
Caminar por el monte durante horas, era riquísimo.
Durante nuestras largas caminatas me contaba anécdotas , cuentos, me hacía adivinanzas, me enseñaba sobre la flora y la fauna cubana . El terreno era irregular y lleno de accidentes geográficos: pequeños, medianos o grandes huecos, ríos que cruzar, elevaciones que bajar , bajadas que subir….. llegar a un potrero y disfrutar de la hermosura de la naturaleza. Las aves cantando, los animales del monte haciéndose sentir: ranas, grillos, vacas, toros, bueyes, caballos, chivos, carneros….
¡ Qué enorme privilegio desde niño tuve !¡ Experiencias inigualables e insuperables !
Todo ese proceso de aprendizaje se inició cuando tenía muy pocos años de vivir en este planeta. En cuanto aprendí a caminar …. pues a caminar fuimos.
Mi padre medía alrededor de unos ciento setenta centímetros, yo en aquella época, mediría un poco más de un metro de altura.
Desde mi perspectiva todo me resultaba grande, alto, enorme….mi resistencia a las duras caminatas aunque iba en aumento siempre fueron limitadas….
Era ahí donde mi padre me cargaba y desde la altura de sus hombros, mi ángulo de visión y perspectiva era de otra dimensión. Podía ver más a lo lejos y como no tenía que preocuparme por el terreno que pisaba, podía voltear la cabeza y disfrutar de esa otra perspectiva visual.
Siempre íbamos a lugares distintos.
El potrero, la manigua, el monte… los terrenos para pastoreo protegidos por cercas con alambre de púas. Llegar a la talanquera y ver como mi padre podía abrirla para poder pasar….
Otra de las razones por las que disfruto tanto la naturaleza.
¡Gracias papá !






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