Yemayá, Olokum, Ikú.

 “𝐂𝐚𝐝𝐚 𝐯𝐢𝐬𝐢𝐭𝐚 𝐚 𝐘𝐞𝐦𝐚𝐲𝐚́ 𝐞𝐧 𝐬𝐮 𝐫𝐞𝐢𝐧𝐨, 𝐫𝐞𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐞 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐞𝐭𝐨, 𝐩𝐫𝐞𝐩𝐚𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧, 𝐯𝐢𝐬𝐢𝐭𝐚𝐫 𝐚 𝐎𝐥𝐨𝐤𝐮𝐦, 𝐞𝐱𝐢𝐠𝐞 𝐚𝐝𝐞𝐦𝐚́𝐬 𝐬𝐨𝐥𝐞𝐦𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝, 𝐈𝐤𝐮́ 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐜𝐞𝐫𝐜𝐚 “

𝐒.𝐏. 𝐕.

Noveno día de inmersiones en Krk, isla de Croacia. Abril nos regalaba su día número trece y esta sería mi inmersión seiscientos, clasificada como x range por su profundidad y complejidad. Completada la inmersión y cumplidos los objetivos de la misma obtendría mi certificación en Decompression Diving.

La embarcación surcaba las aguas en busca del punto de inmersión. Yemayá, el mar, nos recibía tranquila. Dos de los seis buceadores teníamos una tarea especial. Las otras parejas harían inmersiones profundas también pero con otro equipamiento y objetivos…..

Cuando llevas un tiempo realizando las mismas acciones con la misma persona un cambio de rutina activa las alarmas de la precaución y la observación.

1. Siempre acostumbrábamos a saltar los primeros al agua. Esa mañana mi instructor decidió que seríamos los últimos.

2. En el descenso lo percibía preocupado, temeroso. Yo iba guiando la inmersión. Se suponía que fuera al revés.

«Olokum, la reina de las profundidades »

3. Al llegar a la profundidad marcada, 36 metros, deberíamos estar 11 minutos . Tuve que hacerle el recordatorio de comenzar el ascenso. El sitio era hermoso con corales blandos de tonalidades lilas y anaranjadas . Formaciones rocosas majestuosas e imponentes….

«El ascenso»

4. Cada parada intermedia, aunque fue ejecutada correctamente, la percibí como que mi instructor quería terminar con su misión. Yo estaba disfrutando la belleza de mi madre religiosa, Yemayá.

« Zona segura »

Llegamos a la profundidad marcada para hacer la parada de seguridad: cinco metros y tres minutos de espera. Yo me puse a explorar la zona hasta que recibí la señal de terminar la inmersión y con un choque de puños mi instructor me confirmaba que había cumplido satisfactoriamente las exigencias para recibir mi certificación .

« En casa del pobre la alegría dura poco ».

Ya en la superficie miraba a las otras parejas de buceadores que exploraban la zona mientras cumplimentaban sus respectivas paradas de seguridad.

De pronto escuché « Help me» …. era mi instructor refiriéndose al capitán del barco. Fue una situación extraña: mi instructor estaba justo en la escalera para subir, solo debía quitarse las aletas, entregarlas al personal de cubierta e iniciar el ascenso…, pero no lo hizo, se desmayó (¿?). Semanas después supe que no había sido un desmayo.



Después de varios minutos, tratando de subirle a la embarcación entre siete personas, por la complejidad de nuestro equipamiento; lo acostamos sobre la cubierta e iniciamos las maniobras de reanimación y primeros auxilios. Estuvimos en ello más de una hora si sumamos la travesía de regreso a puerto y el tiempo que tardó en llegar la ambulancia con el personal paramédico.

Según la necropsia había sufrido un infarto cardiaco ( en Cuba lo llaman « fulminante »). La persona que subimos al barco y tratamos de reanimar para devolverle a la vida, ya no estaba en nuestro mundo. Murió en el agua, instantáneamente.

Ikú, la muerte , se lo había llevado a su reino.

Era su lugar preferido para bucear.

Murió haciendo lo que tanto amaba.


¡Descansa en paz….!



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