Un trocito

 Lucio era el carnicero de mi barrio, La Víbora.

Era un hombre corpulento, con un abultado vientre, pelo canoso y sonrisa amable. Fue uno de mis preferidos.

La carnicería donde trabajaba era pequeña. Una reja que se subía y se camuflaba en el techo servía de protección y señal de que el local estaba abierto.


Las losas del piso eran blancas, el mostrador era pequeño y su parte superior era de marmol donde descansaban trozos de carne de res.

Lucio sonreía bonachón mientras le despachaba a mi madre, según fuese su interés, butifarra , morcilla. farda …

En la parte trasera, detrás del mostrador y empotradas en la pared habían sendas neveras para mantener la carne a bajas temperaturas.

Del techo colgaban los ganchos con enormes trozos de carne y se veían colgando ristras de salchichones , longanizas…. había carne por doquier.








Cuando mi madre terminaba su compra , Lució me regalaba un trocito de butifarra.




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