La bicicleta

 Ocurrió en una de las calles de la zona conocida como Las Cabañas de Sol, donde pasábamos parte de nuestras vacaciones.

Tener buenas y amistades es un privilegio y si estas te invitan a Varadero de vacaciones, entonces es un lujo. Eran los años ‘70 y yo llevaba menos de una década en este planeta.

Pues, en los intervalos que habían entre las sesiones diarias de playa, que duraban desde temprano en la mañana hasta la tarde….« almorzábamos » cualquier chuchería ( pan con lo que fuera ) y seguíamos bañándonos hasta que los dedos de las manos se arrugaban, teníamos actividades no acuáticas.

Todo estaba garantizado: Sol, calor, mar, con sus olitas que rompían juguetonas en la orilla y te revolcaban para hacerlo todo más divertido.

Alguien alquiló una bicicleta, de las de 26 pulgadas, pintada de color verde oscuro. Pero era indomable, no se dejaba montar por cualquiera. Había que hacer un pacto con Equilibrio.

La hija de la mujer que invitó a mi madre a Varadero, sostenía el corcel de metal por detrás y yo iba pedaleando, tratando de convencer, controlar y dominar a Equilibrio..

La hija de la muj………… se cansó y se fue a la cabaña donde vivíamos. Yo no estaba cansado y tenía una cuenta pendiente que saldar.

El corcel y yo nos quedamos solos…. Después de varios intentos, Equilibrio se puso de mi parte y sucedió….. saldé mi deuda conmigo mismo.



Llegué a la cabaña, gritando de alegría 

¡ Mami, mami…… aprendí a montar bicicleta!

Desde aquel día, era lo único que quería de regalo por el  día de los juguetes.




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