Deslizamientos
Tener a mi madre trabajando en la misma escuela donde yo cursaba los estudios primarios tenía sus ventajas….recreativas.
Un patio enorme, casi del tamaño de una cancha de fútbol. Ideal para corretear, montar carriola, patines, chivichana, bicicleta, jugar a la pelota, al baloncesto, al balompié… y todo cuanto juego al aire libre existiese en aquella época.
Pero bajo techo y amparado en el privilegio de estar en la escuela el día de limpieza general de la cocina, nos daba la posibilidad a los hijos de los trabajadores de un divertimento exclusivo.
El pasillo lateral, que comunicaba con la puerta de salida del comedor, flanqueado a su izquierda por los lavamanos y a la derecha sin salida, se pintaba solo para algo inusual.
Piso mojado, es lo mismo que resbaladizo.
Pues bien, la fantasía infantil nos hizo encontrar una forma de aprovechar las circunstancias. Todo consistía en despojarnos de los zapatos y con el torso desnudo, nos deslizábamos boca abajo/ con la barriga por la superficie mojada.
La pared en unos casos y en otro el peldaño hacia los lavamanos nos servían de apoyo.
Era interesante la velocidad que podíamos alcanzar y el largo trayecto que deslizándonos podíamos cubrir.
Velocidad es directamente proporcional al riesgo y a falta de un sistema de frenos o fallas en los reflejos para detener o aminorar la deslizaba podían surgir situaciones imprevistas.
En una de las deslizadas no pude detenerme a tiempo, pero el peldaño que daba acceso al área de los lavamanos me ayudó en el intento a cambio de un pedazo de un diente al estrellar mi cara-boca contra la dura superficie.
Dolió mucho….pero me divertí mucho más de lo que el dolor duró.



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