El toro



 Nos fugamos del campamento de la escuela al campo.

¿ Estábamos allí en contra de nuestra voluntad?¿ Nos habían embaucado para retenernos allí y hacernos trabajar sin pagarnos ? ¿ Éramos mano de obra gratuita?

Pues bien, sin profundizar mucho en el por qué lo hacíamos; nos fuimos temporalmente del campamento en busca de emociones y aventuras…. y encontramos una muy interesante.

En el medio de un yerbazal había un magnífico y robusto toro pastando tranquilamente. La vegetación crecía sin clemencia y se elevaba a más de cincuenta centímetros de la tierra.

¿ Vamos a tirarle piedras al toro para azorarlo ?

El grupo de aventureros-intrépidos comenzó a molestar a la bestia que tenía una soga atada a su narigón, descendía hacia la tierra y no se veía hacia dónde iba.

Confiados en que el  imponente animal estaba convenientemente atado y asegurado, seguimos tratando de llamar su atención. Nos encontrábamos a una distancia prudencial. Vale destacar que lanzábamos piedras hacia su cercanía y no contra el cuerpo del animal.

Finalmente logramos captar su atención, nos miró con cara de muy pocos amigos y empezó a correr hacia nosotros….  ¿ Estaría enojado el toro ?

Y ahí se nos hizo todo más claro, oscuro, la señal roja de alarma se encendió y empezó a parpadear.

Estábamos parados muy cerca de la estaca donde estaba amarrada la soga, que aseguraba al toro por su narigón.

El área de movimientos del animal abarcaba nuestra posición. Había una sola solución posible…. correr rápido y sin mirar atrás porque el sonido del galope de la bestia iba en aumento por su cercanía a nosotros.

Lamentablemente nadie tenía un cronómetro para marcar la velocidad a la que corrimos, pero esa tarde pusimos en peligro todos los récords de velocidad existentes hasta la fecha .

Todas las preguntas tienen una respuesta común :Si

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