El framboyán


 En los junios de mi niñez el aire olía distinto, se respiraba menos presión escolar, las horas de juego aumentaban, las voces infantiles le quitaban protagonismo a las de los maestros, menos tareas. Mezcla de  alegrías y tristezas por los resultados de los exámenes escolares.

¿ Pasaste de grado ? ¿ Quien repetirá ?

Si.

No sé.

Vendrían sesenta días de total diversión y juegos. 

Julio estaba al doblar de la esquina y después de andar 8 cuadras, estaba allí, erguido, rebosante de flores anaranjadas, decorando el ambiente , anunciando el verano , invitando con su sombra al descanso.

Cuando florecía, era la señal inequívoca de que las vacaciones comenzaban.

Habían otros, pero ese era mi marca, mi señal de partida, mi framboyán.

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